El tiempo
Arroyo Al Día Deportes

INAUGURACIÓN ACCESO FIGHIERA LA FRUTILLA DEL POSTRE

Luego de casi tres años de construcción se concluyó la obra del acceso asfaltado hacia la autopista en la vecina localidad. La obra costó cerca de 27 millones y debía estar terminada en sólo 6 meses.

 

Ansias de progresar, urbanismo, inclusión, llámelo como quiera, pero Fighiera, luego de tantos anhelos, pudo concretar el sueño de tener el acceso asfaltado hacia la autopista. Relegado en comparación con otras localidades de la región, como por ejemplo General Lagos que lo tiene desde hace tiempo, siempre fue una muletilla de campaña del anterior Presidente Comunal Carlos Mariani, quien se refería a esta obra como "la frutilla del postre", la culminación de su gestión. No pudo ser, ya que en 2013, Rodolfo Stangoni, del antiguo Frente Para la Victoria, lo derrotó en las urnas. Éste, aprovechando las "manos sueltas" de quienes manejaban la obra pública en el país, De Vido, Randazzo y Ramos, presentó o lo hizo notar y no llegaron en aparecer los millones. En el inicio, todo viento en popa, en diciembre de 2014 se cierra el paso por allí y se comienza con los trabajos, algo que demandaría unos 6 meses solamente. Por una razón u otra, los millones no alcanzaron a llegar en su totalidad y con la llegada de Macri al gobierno, se frenaron los envíos de parte del Ejecutivo Nacional. ¿Cómo y quién destrabó el entuerto? No lo sabremos ya que tanto la gestión Stangoni como su, otra vez opositor Mariani, se adjudicarán ese logro. Lo claro y concreto es que los habitantes o quienes pasen por Fighiera podrán salir y entrar, desde o hacia el pueblo con destino a la autopista Teniente General Pedro Eugenio Aramburu, contando con un camino asfaltado. "La frutilla del postre" se terminó colocando luego de muchas promesas.

Arroyo al día

 

 
 

Arroyo al Dia

 

Cuenca de Vida

 

Farmacias de Turno

 Buscador         

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Seguinos en Facebook

ArroyoAlDía.com.ar - Todos los derechos reservados - 2026

 

Desarrollado por Rodrigo Guidetti