Histriónico, simple, enamorado de la vida, servicial, lisa y llanamente, un tipo común con un corazón de oro. Su paso por el rugby de Talleres marcó una época en los años ’70. Fue uno de los impulsores del deporte en la institución y se lo veía feliz luego de que la especialidad había vuelto al “Gato” y más aun con los dos campeonatos obtenidos estos años.
Su otra pasión fue el automovilismo, al que le dio un montón de años de su vida, siempre haciéndolo con la honestidad que lo caracterizó. Era el banderillero en jefe que manejaba todo el patio interno de las Categorías Agrupadas Federadas. En él descansaban todas las decisiones antes de cada carrera en los difíciles boxes de las carreras. Un chico más a la hora de divertirse, serio cuando la ocasión lo ameritaba. Un día se subió a su trineo imaginario, ese que comandó tantas veces para hacer feliz a los niños en tiempos de Navidad, y se fue hacia otro lugar. Nos dejó su hombría de bien y su don de gente. ¡Hasta pronto Nona!