Cantante de Tan Biónica a Calamaro:
"Andrés, ¿qué es un casette?"
Calamaro: "¡Caramba! Es algo que nunca vas a poder vender".
Cantante de Tan Biónica se pone triste. Calamaro descubre esa sensibilidad y disfruta: "Nunca vas a vender ni casettes. Ni elepés ni magazines".
Cantante de Tan Biónica hace pucherito. Calamaro sabe que podrÃa joderlo mil horas: "No vas a vender discos porque los discos ya no existen, che... Cuando cumplas años te voy a regalar uno de oro que uso como frisby".
¡¿En serio?!
Calamaro: "Vas a ver, es como un plato volador".
Cantante de TB: "¡Plato volador! ¡Qué nombre flashero para un grupo!"
Calamaro: "¡Usalo!"
Ahora que todos mencionamos a Spinetta -tres veces Spinetta- quizás ya no tenga tanta gracia. Ahora que Agapornis parece que tiene anécdota con Spinetta, es fácil. Ahora que Spinetta podrÃa ser calle o plazoleta quizás no se advierta demasiado el gesto. Pero este fulano, Sergio Coscia, tiene una disquerÃa spinetteana.
"A los 14 me hice la rata y fui a la calle Arribeños. ¿Sabés de qué te hablo? De la casa del Flaco, donde nació, donde ensayaba Almendra. Le toqué el timbre y me atendió. Yo le querÃa mostrar mis poemas... boludeces que uno hace de pendejo. Se los dejé para asegurarme poder volver. Jé."
Flashforward: "Volvà al mes y me estaba esperando con un dibujo que habÃa hecho en mi cuaderno. Un dibujo y un poema para mÃ... este que está acá", dice y muestra su memorabilia. "Pensá que te hablo de cuando yo tenÃa 14 años, antes de que Luis sacara Artaud (el disco original y amorfo está colgado de la pared). Qué te puedo decir: quedé marcado para siempre".
SeguÃ.
Me tomaba el 15. Ya me conocÃan los viejos de Luis. Hermosos. En esa época, Spinetta usaba pelo largo y bigotes. Un dÃa llego a su casa y estaba arreglando el Fitito con un destornillador. Le hablaba: dale, chiquito, dale chiquito (...) Le comenté que habÃa sacado entradas para ir a verlo, y que me iba a acompañar mi papá. Se recopó y me pidió que lo esperáramos en el hall. Después del recital salió a saludarnos. Mi viejo no entendÃa nada: ¡qué cercanos son tus Ãdolos!
Hay algo de arqueólogo en quien decide poner una disquerÃa en 2011. ¡Cuatro años atrás! La abrió sobre los escombros de la industria. Vender música, tarea ciclópea. Fotos de Spinetta aquà y allá, dibujos, el poema dedicado, libros y remeras afines, turistas que vienen especialmente porque saben que es el lugar indicado. El dirá que todo es casualidad, como deberÃamos creer que lo es el nombre de la disquerÃa: Mondo Rabioso. Más o menos como haberse tatuado Luis Alberto Spinetta 1950-2012. Mondo, por el LP Mondo di cromo (1983); y Rabioso por Pescado Ãdem.
"Gracias a este lugarcito conocà a Machi (ex Invisible) a Rodolfo GarcÃa (Almendra), a Juan Carlos Diez (autor de MartropÃa, libro de conversaciones con Spinetta). No sé qué pasa, pero vienen. Machi insiste en que si Luis hubiera sido inglés, serÃa Lennon (...) Un regalo de Dios este laburo. Sé que puede ser una locura, pero tener una disquerÃa era mi sueño. Si me preguntás, es como si Luis hubiera iluminado todo. Pensá que acá funcionaba un videoclub bizarro. Cerraron y me dijeron: quedátelo y pagá el alquiler cuando puedas. Una Argentina que no existe".
Entrás con inusual confianza. Como sabiendo que Sergio no serÃa capaz de clavarte un reggaetón por la espalda. Es un hippie de antes, con el pelo como lo usarÃa George Harrison. Hasta podrÃamos dibujarlo. El cree que es normal que se armen reuniones de gente que habla de Spinetta en el ágora de la GalerÃa Corrientes Angosta. Es una comunidad distinta, analógica. La huella del club chico: todo es muy cueste lo que cueste -disquerÃa al fin-, todo es muy Luna de Avellaneda. Alguien le escribió que Mondo "tiene la magia de las viejas peñas literarias, de los clubes de intelectuales y bohemios que se reunÃan en las librerÃas o los cafés de Madrid a fines del siglo XIX".
O esto: "Hay que conseguir que el Gobierno porteño declare Mondo lugar de interés público".
Después, por suerte, se corrigen: "Mejor no. Nunca hay que avivar giles".







