Arroyo Al Día mantuvo una charla con el vecino tantas veces damnificado, que se mostró indignado ante la falta de soluciones a su problema.
Daniel Calviño vive en la esquina de calle Kennedy y Ruta 21, sufre una situación desesperada y contó: “Ya me robaron 23 veces, denunciadas en la comisaría. Puse alarmas, cámaras, pero siempre me rompen todo y me siguen robando”.
El vecino, de 67 años, cría animales (conejos, gallinas) en su hogar los delincuentes rompen el cerco por las noches para llevárselos, además de herramientas, motores, cables y más de sus pertenencias.
“Los delincuentes andan a cualquier hora y no los detienen, y que los fiscales los liberan rápido. No hay respuestas ni soluciones de los políticos ni de seguridad. Voy a ir al Concejo Municipal para pedir que le instalen cámaras, un crédito para comprarlas y vigilancia permanente en la zona, porque ya no sé más qué más hacer”, comentó.
“Durante la noche del cierre del Mundial me robaron 3 animales; el lunes siguiente, otros 2. Paso las noches cuidando el criadero. Si llego a encontrarlos habrá consecuencias graves, y lo advierto públicamente, porque yo ya estoy jugado y cansado, Si los llegan a identificar los iré a buscar a su domicilio”, dijo indignado Daniel.
“Ya no tengo herramientas, motores, cables, se llevaron una motoguadaña, una motosierra, bicicleta, hasta los cables de luz del galpón y del interior de la camioneta me robaron los papeles. Me rompen los cercos y las manijas de la camioneta. Tengo filmaciones de los robos, pero los fiscales liberan a los imputados incluso por teléfono. Antes bastaban dos testigos, y ahora ni con pruebas sirve la justicia. Acá hay cómplices que compran lo robado y nadie investiga eso”, añadió.
En exigencia por respuestas Calviño sostuvo: “pido una reunión con concejales (se concretó el miércoles 19), intendente y difusión pública para ‘sacar los trapitos al sol’ y que digan la verdad: si no hay capacidad de detener y enjuiciar, que lo digan claramente en lugar de engañar a la gente. No puedo vigilar 24 horas; mi fuente de ingresos desaparece poco a poco y no hay ninguna autoridad que responda. La policía pasa con las luces encendidas y los delincuentes se esconden en zanjas y yuyales oscuros; en cuanto se van, vuelven a entrar a robar. Se acercan de noche encapuchados a observar si estoy afuera; solo actúan cuando me voy a dormir. Pido presencia real, como un gendarme en la esquina. No controlan a los que vienen a comprar lo robado. Exijo que el servicio de inteligencia investigue dónde terminan las cosas sustraídas. Para mí hay una falta de voluntad política. Hablan pero no dicen nada. Ni siquiera se publica el nombre de los detenidos ni se hace una lista pública de quienes delinquen; si quisieran terminarían rápido con esto, pero no quieren llenar las cárceles”.
“Que las autoridades den la cara y digan la verdad claramente, aunque sea para decirme que no hay solución”, concluyó.