Silvia Velozo, docente y escritora de la ciudad, pero más allá de sus títulos, una ciudadana con derechos que se vieron avasallados por una obra social y sus empleados, por lo que tuvo que tomar una medida drástica para conseguir lo que necesitaba: un medicamento que le ayuda a vivir mejor.
La vecina hizo un video que subió a sus redes sociales donde se la ve muy angustiada por la situación que le tocó vivir, pero que en definitiva, tuvo final feliz al poder conseguir lo que le correspondía: “Les quiero contar mi experiencia de esta mañana. Estuve una semana esperando que IAPOS se digne aprobarme la entrega de insulina (soy insulino dependiente desde hace unos seis meses).
Antes de eso me medicaba con Metformina, después a Gadmet, pero para que me la aprobaran estuve tres meses yendo y viniendo, hasta tener que presentar una nota de por qué la pedía, además de lo que decía la médica que me lo recetaba. Ahora necesito de insulina para seguir adelante más una medicación especial que la ayuda porque tengo una diabetes muy lábil. Fui a renovar los papeles, las planillas, pero no me lo aprobaban. Hacía una semana y me quedaba insulina para dos días nada más. Decidí ir a IAPOS y como me pasaron tantas cosas durante el año, no me cabe una gota más en el vaso”. contó la mujer en las redes sociales.
“Fui decidida a no moverme de ahí hasta que me den lo que me corresponde. La explicación que me dio la empleada del mostrador es que ahora necesitaban la medición diaria que tengo que sacar del aparatito, conectarla a la computadora y después imprimirla para que me renueven la insulina y el Galvus met que es la pastilla que ahora tomo, tengo que llevar ese papelito con la medición de 30 días. ¿Qué hago sin la medición y sin mi insulina? Conclusión, me dio un ataque de nervios, estoy medicada con ansiolíticos y antidepresivos, sufro de ataques de ira, me sentí acorralada, ví en los quince días en los que estuve internada muchas injusticias y nadie nos defiende, pero el mayor miedo era volverme a casa sin la insulina y armé un quilombo grande y estuve en una oficina hasta pasado el mediodía para que me solucionen el problema y lo hicieron.
Llamaron a la farmacia, ellos conmigo, me tranquilizaron, peor tuve que sacarme de quicio, sentirme mal para conseguir lo que me corresponde. Lo que siendo es que me están matando, nos están matando a todos y nadie, absolutamente nadie nos defiende”, finalizó Velozo.