El incendio del campo de la familia Calviño, sembrado de trigo, puso en acción a los bomberos de la ciudad, que a pesar de la celeridad con la que trabajaron, se les hizo imposible salvar el sembrado. El viento actuó muy rápido sobre las llamas para esparcirlas por grandes extensiones. Se estima que se perdió el 50 % de la cosecha de ese campo.
Ivan Matteo, bombero que tuvo a cargo la labor en el siniestro contó algunos pormenores del mismo: "El incendio fue de proporciones importantes, se trabajó con tres dotaciones: dos unidades de ataque forestal, la rápida y la pesada y también con el camión cisterna para alimentar las unidades de ataque. Trabajamos de forma manual y con agua, tratando de cortar lo más rápido posible que se propagaba con una velocidad increíble por la acción del viento. Habría que hacer una valoración más exhaustiva pero se perdió una gran parte de todo lo que había sembrado en esos dos campos. Un agravante fue que el cereal esta pronto a cosecharse, lo que asemeja a combustible. Pusimos mucho empeño para tratar de salvar lo máximo de la cosecha pero la naturaleza a veces es difícil de enfrentar, cuesta tiempo y recursos".