Esta fecha está dedicada a reflexionar sobre nuestras conductas en el tránsito y a promover la educación vial como estrategia fundamental para reducir los siniestros viales, es decir tanto a la enseñanza de normas como al desarrollo de aptitudes y prácticas que permitan generar un cambio cultural en el cual se internalicen nuevos hábitos para construir una movilidad segura e inclusiva.
En efecto, las alarmantes cifras de víctimas fatales y heridos a nivel mundial, corroboran con creces la necesidad de implementación no sólo de políticas públicas orientadas a tal fin, sino también de un compromiso y participación responsable por parte de los ciudadanos/as, en los distintos roles que desempeñan en la vía pública.
No caben dudas de que el cambio cultural, requiere los mayores esfuerzos, paciencia y creatividad, acompañados de una acción continua, considerando que las normas se deben respetar no sólo porque contribuyen a una mejor convivencia social, sino porque el espacio público se comparte con otro/a, y la vida de ese “otro/a” es importante. Por lo tanto debe ser cuidada en sus múltiples dimensiones y diversas necesidades.
Cuando nos preguntamos si solo la información técnica o legal es la más relevante para reducir los altos índices de siniestralidad, debemos responder que no es así. En toda sociedad, existen pautas culturales y patrones de conductas firmemente arraigados, que de alguna manera modelan nuestras acciones en la vía pública. Simplemente, cuando un niño viaja sentado al lado de los adultos y a lo largo de los años va aprendiendo la forma en la cual éstos se relacionan con los demás en los espacios públicos, el respeto que tienen hacia las reglas y señalizaciones establecidas. Cuando ese niño, ahora ya adolescente o joven, llegue a obtener la Licencia de conducir, y comience a manejar, él también participará de esas pautas y patrones de conductas.
A su vez muchas creencias y mitos difundidos en relación al tránsito también hacen sentir su influencia negativa: mitos en cuanto al uso del cinturón de seguridad y del casco, la velocidad, la oposición a las normas porque no se está de acuerdo con ellas, la omnipotencia de pensar “a mi nunca me va a pasar”, entre otros, son verdaderos obstáculos para construir un tránsito seguro.
Por eso, la educación vial resulta fundamental para derribar dichos obstáculos.
En la Provincia de Santa Fe está presente en las aulas, desde el nivel inicial hasta el superior, no sólo con charlas y actividades destinadas a los alumnos/as, sino también con capacitaciones a los y las docentes para que aborden la problemática de forma adecuada.
La seguridad vial atraviesa todos los Ámbitos donde nos movemos, ya que siempre nos estamos desplazando de distintas formas, como peatones , conductores o pasajeros.
Es imprescindible abordar el tema a edades tempranas, en la escuela y la familia, para que las pautas de comportamiento se naturalicen y no se cumplan sin preguntarnos el motivo, sino que se respeten por el deseo de contribuir con la construcción de un espacio público accesible para todos y todas, donde nadie se sienta excluido y el cuidado de la vida propia y ajena ocupe un lugar central.